Puerto de Ideas

por Luis Fernando Sánchez

Los acontecimientos que recientemente se han ido produciendo, y que se han manifestado en las noticias, la discusión pública, y en las calles, debiesen sorprender a cualquier persona relativamente joven. Hoy observamos como, con una fuerza no vista hace muchos años, distintas organizaciones sociales y supuestamente representativas de la ciudadanía han puesto el grito en el cielo, reclamando derechos que se les habrían vulnerado, y exigiendo ser oídos por nuestros gobernantes.

Esto, que en otras circunstancias debiese ser una buena noticia, y reflejo de una ciudadanía consciente de sus derechos y con un fuerte espíritu democrático, ha tomado un sentido absolutamente negativo, por el contenido de las exigencias de estas organizaciones y también por la forma en que se ha desarrollado esta “manifestación ciudadana”.

Desde hace varias semanas ya, distintas organizaciones ambientalistas, estudiantiles, gremiales y ciudadanas han comenzado manifestándose, de una manera casi sincronizada, por diversas situaciones que dicen afectarlos. Sin embargo, al analizar en profundidad los distintos reclamos nos percatamos de que estos no son tan sólidos ni coherentes, muchas veces de engañoso contenido, e incluso, en ocasiones, se confunden entre sí, adhiriendo algunas organizaciones a reclamos de otras, desconociendo así su deber de atender exclusivamente a las finalidades que les son propias.

¿Por qué se da esto? Algunos se preguntarán. Algunos podrán pensar que se debe a poca formación de algunos líderes, o a la susceptibilidad a presiones de terceros. Yo sin embargo veo una realidad mayor, que muchos creíamos ya estaba quedando en el pasado, pero que ahora resucita con renovada fuerza: La politización de los cuerpos intermedios.  Si, aquel cáncer contra el cual lucharon las generaciones de nuestros padres y abuelos, en un movimiento cuya historia roza a veces con lo mítico, por la realidad de entonces y lo duro de aquella batalla. Aquella lucha que hoy solo unos pocos deben seguir dando, principalmente en la realidad de ciertas universidades, emblemáticas ya por lo duro e ideologizada de su política estudiantil.

Creo que puede hablarse de politización de estos cuerpos intermedios ya que veo una serie de agrupaciones y líderes de opinión que, bajo la excusa de demandas sociales supuestamente justas, lo que buscan hacer en realidad es servir a una determinada coalición política y a ciertas ideologías, mediante el ataque constante al gobierno actual, con el claro fin de frustrar cualquier iniciativa de este último, y disminuyendo a la vez su apoyo ciudadano.

Tenemos como ejemplo la CONFECH, que reclama por el “lucro” en la educación, exige una reforma tributaria y adhiere sus demandas a las de otras organizaciones que nada se refieren al tema de la educación. Nos encontramos con organizaciones ambientalistas, que con un afán de engaño, convencen a las personas más pobres y desinformadas de supuestas situaciones y alternativas que finalmente son irreales. Están la CUT, la ANEF, y el Colegio de Profesores, quienes como siempre, se apartan por completo de la defensa de sus representados y adhieren a cualquier movilización que pueda significar problemas para quienes hoy gobiernan.

Suma y sigue.

Además de lo anterior, nos encontramos con que estos grupos insisten en hacerse ver por medio de la violencia y destrucción a la propiedad privada y pública. Recién hace unos días vimos como en el Liceo Barros Borgoño sus alumnos (seguro azuzados por adultos externos a esta institución educacional) destruyeron gran parte de su mobiliario, produciendo daños avaluados en 50 millones de pesos. Dinero de las arcas fiscales, y por ende de todos los chilenos.  Esto mismo se ha repetido en las manifestaciones de todas las demás organizaciones ya mencionadas.

Ahora, lo más preocupante de todo lo anterior, es que si uno se fija en la discusión pública, aquellas personas y grupos que hasta hace algunos años se preocupaban de denunciar estas conductas, tanto en universidades, como en la política partidista, como en la vida en sociedad en general, hoy guardan silencio, y a muchos no se les ve una intención de manifestarse en lo pronto.  Creo que algunos se han acostumbrado a esta cierta tranquilidad en el debate público que hasta hace poco reinaba, donde ni el Estado de Derecho, ni la paz social estaban verdaderamente en juego, cuestión que de a poco se va poniendo en duda.

Por esto se hace necesario un cambio en nuestra actitud.  No puede ser que la estabilidad social hoy dependa de que un determinado conglomerado político se mantenga en el poder, y por lo mismo se  hace necesario que quienes nos oponemos al engaño, la violencia, y por sobre todo a la instrumentalización de los cuerpos intermedios para fines político-partidistas e ideologías ajenas a los fines de estas organizaciones, dejemos nuestra pasividad, nos organicemos y  manifestemos, siempre de manera pacífica, con palabras, y dejando que el peso de nuestros argumentos sea el que nos dé la razón.

1 year ago